Con el tiempo aprendí a disimular y a mentir,
aprendí a olvidar
y a irme lejos cuando no quería estar aquí.
Y los años me enseñaron a ignorar esta voz,
a callarme y a pedir perdón,
ya la magia se acabó.
Pero aún guardo el recuerdo de cuando sentí
a mi alma florecer y a las trampas caer.
Ya las hojas se marchitaron y no las quiero ver.